Menu

It’s been 27 years since that tragic day when my brother Jairo died.  27 years and all the memories come flooding back like it was just yesterday.  He was only 19 years old, a couple of months short of turning 20.  Like many young people in the 1980s, he gave his life for a cause that turned out to be so empty and disappointing in the end.  He was a young idealist, completely seduced by the idea of power to the people, better living conditions for the poor and a firm believer  that the leaders of the Nicaraguan revolution had the best intentions for the country and that we proud Nicaraguans had to defend our country and our sovereignty at all cost.

Lea la Versión en Español al Pie de la Página.

He didn’t even have to join the conscription that had all males ages 18 to 21 forced to join the military, whether they agreed with the ideals of the fight or not.  He had problems with his feet and was exempt to go, but his belief in the cause was so strong that regardless of my mother’s pleas and tears and of the consequences or how sick he felt, off to the mountains he went.  Just two months short of completing his two years of service, he was fatally injured in a battle that took place in the Honduran border.  The version we got from his friends was that their captain was shot past the Honduran border and a group of them went to get his body; a grenade exploded and got a few of them.

My brother made it alive to the hospital in Managua.  We at least got to see him alive for a few short days, but he was unconscious.  It was all so surreal, to come back from school one afternoon and find out that he was near death in the hospital.  For some odd reason, we were blinded by faith and never thought he could be harmed in any way.  It was all so unexpected. When I went to see him, a single tear rolled down his cheek, and all these years I’ve hung on to the hope that he was aware of his surroundings and of the love we all felt for him.

He had been my hero since I was a child.  Only 5 years older than me, I worshipped and looked up to my big brother like any baby sister would: with pure adoration and immeasurable love.  My mother tells me that before I started school, I’d eagerly wait for him to come back from school in the corner of our street.  Obviously, he hated that (what 9-year-old boy wouldn’t?)

He was a good kid who turned into a very good teenager: smart, sensitive, very respectful and polite, humble (though sometimes obstinate to a fault), strong, with a very calm demeanour and who would give himself entirely to whatever it was he believed in.  In his early age he became very religious, so devout and pious that he was that 11-year-old who attended the Stations of the Cross all by himself, filled with fervour and respect for God.  He was an old soul who loved Javier Solis and Los Panchos and would wake up to listen to a old-time music radio show at 5:00 in the morning.

In his teens he was already a community leader.  At some point he had the authority to say who would be assigned a house, of any that were available in our neighbourhood, based on requests and the needs of the people.  He would never get one for his own family (and we really needed one) because he felt it would be against his principles to benefit from the cause of the revolution.  Seeing that, how can we now have any respect for those so-called leaders who made a piñata out of the properties and land that were confiscated at the time of the revolution?  It’s a absolute shame that a 16-year-old had more integrity, willpower, dignity and strength of character than all these pseudo-leaders (who turned out to be nothing but common thieves, the bunch of them) who walked all over those young martyrs (and the mothers who still cry their dead) and stole as much as their dirty hands could grab onto, and after all they ended up as rich, powerful and corrupt as those whom they supposedly freed our country from.

I don’t know where my brother would be today.  All I know is that we miss him and we wish we had gotten to see the man he would become.  Everyone who knew him, really liked him.  But we are left with his memory, a very powerful and inspiring one, and we are all so, but so much better for having had him in our lives for the short time that we did.

_________________________

Jairo René Betancourth:
Mi hermano, Mi héroe

Ya hacen 27 años de la trágica partida de mi hermano Jairo.  27 años y los recuerdos fluyen a borbotones como si hubiera sido ayer.  Tenía solo 19 años, a solo dos meses de cumplir los 20. Como muchos jóvenes en la época de los 80s, dio su vida por una causa que resultó al final ser vana y decepcionante.  Fue un joven idealista, seducido por completo con la idea del poder popular, de mejorar las condiciones de vida para los pobres y creyente a ciegas que los líderes de la revolución nicaragüense tenían las mejores intenciones para el país, y que nosotros los nicaragüenses debíamos orgullosamente defender nuestra tierra y nuestra soberanía del dominio imperialista y opresor.

El ni siquiera tenía que participar en el servicio militar obligatorio, que vio a miles de jóvenes entre las edades de 18 a 21 años a luchar a la fuerza por una causa en la que muchos de ellos ni siquiera creían.  Mi hermano tenía problemas en sus pies y estaba eximido de participar, pero su fé en la causa era tan grande que a pesar de los ruegos y lágrimas de nuestra madre ó de las consecuencias de su decisión, ó de cuan enfermo se sintiera, decidió irse a la montaña.  A solo dos meses de que se cumplieran los dos años que debía servir, fue herido a muerte en un combate en la frontera hondureña.  Sus compañeros de lucha nos contaron que el jefe de su batallón fue herido, varios de ellos cruzaron para ir a buscar su cuerpo y una granada hizo explosión y los charneles detonaron en varios de ellos.

Jairo logró llegar vivo al hospital de Managua.  Pudimos escuchar su respiración por algunos días, pero ya estaba inconsciente.  Todo sucedió tan repentinamente que no parecía verdad llegar un día de la escuela y saber que mi hermano estaba en el hospital al borde de la muerte.  Por alguna razón que nunca comprendí teníamos una fé tan ciega en que nada le pasaría y que saldría ileso de la experiencia. Fui a verlo al hospital y cuando llegué, una lágrima corrió por su mejilla.  Quiero creer, y me aferro ciegamente a la idea, que en esos días el pudo ver lo que sucedía a su alrededor y que sintió el inmenso amor que todos sentíamos por el.

Mi hermano había sido mi héroe desde que yo era niña.  Me llevaba 5 años y yo sentía una reverencia e idolatría total por el, como lo haría cualquier hermanita con su hermano mayor. Mi madre me cuenta que cuando yo todavía no iba a la escuela, lo esperaba ansiosamente en la esquina (Mi pipito, lo llamaba yo) a que el regresara del colegio.  El obviamente detestaba que yo hiciera eso, como lo haría cualquier niño de 9 años.

Fue un buen niño que se convirtió en un buen adolescente.  Era inteligente, sensitivo, respetuoso y amable, muy humilde (aunque terco y obstinado), tenaz, calmo en su comportamiento y quien daba todo de sí mismo por cualquier causa en la que creyera.  De niño se hizo muy religioso, tan devoto y ferviente que no era raro ver a aquel niño de escasos 11 años atendiendo un Via Crucis solo, lleno de fervor y respeto a Dios.  Nació en la época equivocada ya que le gustaba escuchar música de Javier Solís y Los Panchos, y se levantaba a las 5:00 de la mañana a escuchar un programa radial de música del ayer.

En su juventud se convirtió en líder comunitario.  Fue tanta su entereza de carácter a tan temprana edad que en una época se le dio la autoridad para asignar viviendas en nuestro vecindario a personas de escasos recursos que lo solicitaran, pero nunca quiso proveer una vivienda para su familia (y en verdad la necesitábamos) porque decía que iría en contra de los principios de la revolución tomar ventaja de la situación para beneficio propio. Como tener el más mínimo respeto por esos dizque líderes que piñatearon a diestra y siniestra los bienes confiscados en la época de la revolución?  Es una vergüenza absoluta ver que un joven (casi un niño) de 16 años tuvo más integridad, fuerza de voluntad, dignidad y solidez moral que todos esos líderes de pacotilla (no más que ladrones comunes todos ellos), quienes pisotean a diario a nuestros mártires (y a las madres que todavía hoy lloran a sus muertos), y robaron tanto como sus sucias y lagartas manos lograban agarrar, terminando tan o más ricos, poderosos y corruptos que aquellos de quien supuestamente libraron al país.

No sé que sería de mi hermano si hubiera logrado sobrevivir.  Solo sé que lo hemos extrañado todos y cada uno de nuestros días y desearíamos haber tenido la oportunidad de ver al hombre en quien se hubiera convertido.  Todos lo que los conocieron lo quisieron mucho.  Nos queda su memoria, increíblemente poderosa y edificante, y tuvimos todos en nuestra familia la gran bendición y la suerte de haberlo tenido en nuestras vidas por el poco tiempo que lo tuvimos.