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Historia de la Alianza Hispano-Canadiense de Ontario

Hace ya 13 años que se formó oficialmente la Alianza Hispano-Canadiense de Ontario (AHCO), grupo sin fines de lucro que ha venido realizando una labor incansable para unir a los hispanos que habitan en la región de Durham.  Nos reunimos una tarde con Nora Tello, Josefa Silva, Cristian Vergara, Lucy King y Gabriela Fiorini para que nos dieran un recuento de los inicios de esta importante organización.  Cuenta Josefa que la semilla de donde nace la AHCO germinó varios años antes, y como ocurre muchas veces con proyectos que parecieran imposibles de concretar cuando se observa la labor monumental que implica ejecutarlos, todo ocurrió casi por casualidad.

“En la escuela que iban mis niños,” nos cuenta Josefa, “me encuentro con una niña con cara de latina, embarazada. Tanto nos juntábamos a recoger a los niños que un día nos hablamos y nos hicimos amigas. No conocía ella a nadie, ni yo. A ella la invitan a un tupperware party y pensamos, ‘Tú invitas a una persona y yo a otra.’ Y de repente aparecieron varias y nos juntábamos. Y a veces se llenaban los restoranes.”

El grupo fue creciendo y se reunían más a menudo, con el propósito de socializar. En estos tiempos, Gloria “Meche” Gálvez Villagra, decide revalidar su título. Lo hace y consigue un trabajo en el Social Development Council Ajax-Pickering (Consejo de Desarrollo Social) en Durham. Por una sugerencia de su jefa, quien por la naturaleza de su trabajo se dio cuenta de como crecía el número de habitantes hispanos en la zona, Meche decide formar una asociación hispana. Con la ayuda de Josefa y su innata habilidad de hacer mil llamadas telefónicas, ponen manos a la obra y convocan a la primera reunión.

Empezaron de una manera pequeña. No contaban con fondos para financiar los eventos, recuerda Josefa, así que tenían que figurarse como hacerlo. A veces se iban a Loblaws a pedir ayuda y les daban una caja de agua o un poco de dinero. Otras veces tuvieron que financiarlo todo de sus propias bolsas y esperar a recuperar lo invertido, si tenían suerte. Para conseguir miembros llamaban a todos los conocidos e incluso se iban al centro comercial, y si miraban a alguien con aspecto latino, se acercaban y les contaban de la asociación.

“Empezamos a formar una directiva que fue una directiva así más bien con directores sin nombre,” cuenta Josefa. “Empezamos a crecer. Nos dimos cuenta que había respuesta de la gente.” Meche fue nombrada Coordinadora General, aunque todos concuerdan en que ella no deseaba tener ningún cargo oficial. Josefa terminó con la cartera de Relaciones Públicas, de la misma manera, sin nombramiento oficial, al igual que Pepita Villamontes y Hernán Garcés.

Todo había sido organizado hasta entonces de manera casual, pero al aumentar el número de participantes, se dieron cuenta que era necesario formalizar el asunto y convocaron a una asamblea general que tuvo lugar en el salón de la iglesia St. Isaac Jogues en Pickering en Noviembre de 1996.

Era necesario, recuerda Josefa. “Ninguno de los que estábamos como voluntarios teníamos ideas. Teníamos las ganas, pero no sabíamos.” A esta reunión asistió entre otros el peruano Jorge Seclén. “Este caballero tenía un don de palabra, muy educado, y entonces el era nuestro mediador, porque se armaban los cacareos, olvídate.” Todos estallan en carcajadas recordando lo divertido de aquellos tiempos.

En esta asamblea se forma la primera directiva de la AHCO, que en estos tiempos la llamaron HOLA, (Hispanic Organization of Latin America), según recuerdan, y es elegido como su primer presidente Cristian Vergara, asistido por los otros miembros de la directiva como Hernán Garcés, Fabiola Pineda, Jorge Seclén e Ignacio Navarro, y siempre contando con la asistencia de Meche.

Ya con una directiva oficial, empezaron a generar ideas y a asentar las bases de lo que sería en el futuro la organización. Todos reconocen que no fue tarea fácil. Se reunían hasta dos veces por semana en sus propias casas para discutir la creación de los estatutos que regirían a los miembros de la junta directiva, y no siempre concordaban en los puntos a discutir. Visualizaban también los proyectos que ejecutarían en el futuro. En este tiempo también se registraron con la municipalidad con el objetivo de aparecer en el directorio como la organización hispana oficial de la zona.  “Ese año fueron varias las ideas que empezamos, que nunca las concretamos porque todavía estaba todo formándose,” recuerda Cristian.

Todos recuerdan lo difícil que fue establecer los estatutos de la organización, así como todo el aparato logístico: las cuentas del banco, la página de internet, el registro de la organización con la municipalidad y mucho más. Cristian recuerda que hicieron también una reunión en el Ajax Council para definir al grupo, y allí salió el listado para el directorio; recuerda también como en los inicios se juntaban tanto con las municipalidades de la región como con los otros grupos hispanos, como el Consejo de Desarrollo Hispano, buscando establecer una presencia también con los grupos hispanos en Toronto. “Estábamos con varias cosas que estábamos creciendo y todo el mundo lo estaba reconociendo,” recuerda Cristian.

Meche miraba en su trabajo como los recién llegados se deprimían. Empezaron a hacer actividades con el propósito de recaudar fondos para la organización, indica Cristian, y con la idea de “juntar a la gente de habla hispana por estos lados, porque mucha gente aquí se sentía muy sola porque no había nadie. Y también para los niños.” “Para que no perdieran las raíces,” agrega Josefa. “La verdad que la visión nuestra era socializar. Nuestro logo era unirnos para que nuestros hijos no perdieran sus raíces.”

El esfuerzo de la junta directiva era bastante grande: hacían ellos toda la labor, de una manera voluntaria y desinteresada, y era bastante el trabajo que esto suponía. El primer evento grande que hicieron fue una fiesta, recuerda Josefa. “Empezamos haciendo un baile que nos costó un ojo de la cara. $5 de entrada, a estilo potluck, y no quedaron ni las migas.”

Implementaron también eventos como viajes al casino, donde todos recuerdan y concuerdan que la pasaban de lo mejor, a veces reuniendo hasta tres o cuatro buses. Eso sí, eran buses escolares, no los nuevos buses cómodos de estos tiempos. Hacían también picnics y otras diferentes actividades que buscaban solidificar el estatus de la AHCO como la organización que unía a los hispanos de la región. Realizaban sesiones de bingo con señoras de la tercera edad: la estación de policía les prestaba el salón sin costo alguno para realizar este evento.

El segundo evento grande que realizaron fue una fiesta en la casa de ancianos en Pickering. A este evento asistieron más de 450 personas, incluyendo a personalidades políticas de Durham y líderes de la comunidad hispana que llegaron desde Toronto. Invitaban a varios grupos folclóricos de toda la región de Toronto a participar de los eventos, y de esta manera lograban a su vez difundir la cultura hispana entre los visitantes y participantes de habla inglesa.

Cuenta Lucy que las convocatorias a los miembros se hacían todas por teléfono. Es increíble pensar que en estos tiempos no había e-mails ni computadoras, así que los miembros de la junta hicieron la convocatoria por teléfono y lograron reunir a más de 450 invitados, una labor de verdad encomiable. El evento fue exitoso y lograron recaudar suficientes fondos para continuar la importante labor que habían iniciado.

En estos tiempos la junta directiva original fue estableciendo también las actividades que eventualmente se convirtieron en tradiciones anuales. La celebración del día de la mujer, por ejemplo, nació como casi todo, de pura casualidad. Es una historia muy linda, recuerda Josefa. Mercedes, una de las miembros del grupo, era una mujer con tres hijos que había decidido regresar a estudiar. Al completar sus estudios, y en reconocimiento por el gran esfuerzo y sacrificio que esto había representado para ella, Josefa y un grupo de amigas decidieron darle una sorpresa en el restaurante Mandarín. Fue una reunión muy linda donde se juntaron un grupo grande de mujeres, y desde entonces la celebración del Día de la Mujer se mantiene hasta el día de hoy.

El tópico de las membresías fue otro punto de contención, recuerdan. “Fue un asunto bien grande y difícil para el grupo, porque allí si hubieron hartas discusiones sobre esto,” recuerda Cristian.

Otra de las tareas que encontraron difíciles fue la de encontrar miembros que quisieran ser parte de la junta directiva. Esto ha sido históricamente, desde los inicios, algo difícil, reconocen todos, porque aunque en las actividades son muchas las personas que participan, a la hora de formar juntas directivas no era muchos los que deseaban colaborar, sabiendo la intensa labor que esto significaba, así que tenían que encontrar la manera de asignar voluntarios casi forzados por las circunstancias. “Lo que hacíamos era que la primera que opinaba, la amarrábamos,” recuerda Josefa.

A pesar del arduo trabajo que esto significó, todos concuerdan que la satisfacción de ver los frutos del esfuerzo realizado en los años de inicio valieron la pena. Aún a pesar de las diferencias de opiniones de cada uno en su visión personal en cuanto al crecimiento de la organización, los lazos de amistad se solidificaron, e incluso se conservan hasta el día de hoy.  “Ante todo el grupo siempre se ha mantenido,” afirma Cristian. “Los conflictos son parte del grupo, era natural. Pero fue muy bonito como empezó.”

Gracias al esfuerzo que ellos realizaron en el inicio, a la seriedad y empeño con que se dieron a la tarea de establecer la base tan sólida que sentaron en esos primeros años, es que la Alianza Hispano-Canadiense de Ontario goza de la estabilidad con la que cuenta hoy en día, lo cual permite a la junta directiva actual concentrarse en implementar programas que beneficien a los miembros de la comunidad hispana que habitan en la región de Durham.

Desde que se formó la Alianza, muchas cosas han cambiado con el pasar de los años, obviamente influenciados por las diferentes personas que han formado parte de las juntas directivas: todas le han dado su toque personal a sus contribuciones, todas han aportado algo diferente, algunas han hecho cambios en las actividades que se organizan anualmente, pero vale recalcar que la esencia de la labor que esta organización ha venido realizando a lo largo de 13 años oficiales de existencia se ha mantenido acorde al mandato original: el de mantener unidos a los habitantes de habla hispana de la región de Durham a través de actividades que promuevan el uso de la lengua española y tomando en cuenta nuestra herencia cultural.

Nora Tello admite ver regio el crecimiento de la organización. Su esposo Waldemar, Q.E.P.D., aunque nunca fue miembro oficial de la junta directiva, siempre estuvo colaborando activamente en su desarrollo desde los inicios. Nora, igualmente, participó activamente en la recolección de firmas cuando trataban de traer las misas en español a Durham, labor que aún realizan y desafortunadamente no se ha hecho realidad hasta el día de hoy. Siempre está alentando a sus conocidos a pertenecer a la AHCO, ya que como ella dice, “Hay que apoyar esto porque hay que seguir adelante. No podemos permitir que esto, que tanto ha costado, se termine.”

A través de los años han sido varios los miembros que han tomado las riendas formando parte de la junta directiva. Lucy King fue presidenta por varios años, al igual que lo fuera su esposo Ignacio Navarro, Clara Rodríguez y Giuliana Troiano en distintas épocas. En el tiempo en que Clara estuvo de presidenta, se dio inicio a la feria latinoamericana, otro de los eventos que se tornaron en tradición anual. A Clara la recuerdan todos por ser una presidenta sumamente activa y entregada a la labor de ver crecer a la organización. “La dirigió muy bien,” recuerda Gaby. “Tenía mucho amor para la Alianza. Y Giuliana también. Tuvimos muy buenos líderes.”

Giuliana, por su parte, recuerda Lucy, inició su labor ayudando muchísimo, mucho antes aún de ser miembro activa de la junta directiva. Eventualmente ocupó el cargo de secretaria y un par de años después asumió la presidencia, la cual mantuvo por varios años. “El cambio más grande que vi en ese entonces,” recuerda Lucy, “fue que Giuliana empezó a trabajar más con los niños.”

Gaby cuenta que cuando ella ingresó a la AHCO, esta pasaba por un tiempo de baja participación. El grupo desafortunadamente se había dividido y se había formado otro grupo hispano denominado Brazos Abiertos, divergente en cuanto a objetivos y visión de la AHCO.

“Llamé a Giuliana porque había una fiesta de navidad,” recuerda. Gaby buscaba actividades propias para su hijo Sebastián, de 6 años en ese entonces. “Me acuerdo que fui a la fiesta, y no la conocía a Giuliana.” Al verla tan atareada, organizándolo todo, le ofreció echarle una mano. Tenía poca gente asistiéndola. “Al final terminé trabajando un montón,” recuerda Gaby. Giuliana contó también con la asistencia de personas como Eyra Abreu, Maria Cristina Gómez, Yanire Díaz, Clelia Tovar y Mónica Linares, entre otros.

Algo que se ha podido observar en esta organización, no importan cuán diferentes han sido las direcciones que cada quien ha tomado, es el amor que todos los miembros de las juntas directivas le han puesto al trabajo que realizan. Es en esta cualidad en la que básicamente radica la fortaleza de esta organización y la razón por la cual se ha mantenido vigente y sólida por tantos años: mucho amor, mucha dedicación y en realidad, mucha armonía, aún tomando en cuenta las diferentes nacionalidades de todos los miembros de la comunidad.

Cristian, por su parte, admite que la visión de los inicios está en línea con lo que está ocurriendo con la organización en la actualidad. “La idea principal era de tener donde ir para la gente hispana de estos lados, y tener un apoyo, o para conversar en su propia lengua,” indica. Hoy en día la Alianza cuenta con más de 200 miembros activos, aunque son muchísimas más las personas que asisten y participan en todos los eventos que se promueven.

Lucy, quien actualmente ocupa el cargo de Vice-Presidente y ha participado activamente de una manera u otra en los 13 años de historia de la AHCO, reconoce que en esta nueva directiva, bajo la dirección de Maria Paz Cardone, actual presidenta, se ha aprendido a delegar funciones. En el pasado, recuerda ella, todos trabajaban para implementar una actividad, y a veces era imposible dados los desacuerdos. Ahora las labores se delegan a los distintos miembros de la junta directiva y es menos peso el que recae en cada uno de ellos. “Todos ayudamos,” comenta Lucy, “pero hay un responsable. Pero tienes la ayuda de todos.” “Y así yo creo que debe ser,” agrega Josefa.

A pesar de la intensa y evidente tarea que todas estas juntas directivas han realizado, no falta nunca la parte negativa, los ataques a los que han sido sujetos por parte de algunos miembros que no están satisfechos con su labor. Muchas personas no se dan cuenta que el trabajo es bastante y no es un trabajo remunerado: todos lo han hecho de manera voluntaria.

Por esto y por otras razones varios de ellos admiten que no volverían a ser parte de la junta directiva, pero eso no quiere decir que no recuerdan con mucho afecto y cariño los años de los inicios. Además, la mayoría reconoce que después de trabajar por unos cuantos años se hace necesario un cambio, y pasarles las riendas de la dirección a otras personas que vengan frescas, con nuevas energías y nuevos planteamientos, porque el trabajo en realidad es bastante arduo y las baterías se gastan.

Sus caminos los han llevado a otras cosas, pero también reconocen que el trabajo que realizaron les ayudó en su crecimiento personal y en la dirección que tomaron sus vidas. Además, agrega Josefa, “la satisfacción personal es inmensa. Yo siento la Alianza mía, te lo juro. Pero todo el mundo tiene la oportunidad.” Es por eso que sienten que es el momento de que otras personas continúen la labor que ellos iniciaron.

Y en el futuro? A dónde va a llegar la AHCO? “Como yo lo veo, falta que tengan una sede propia,” dice Josefa. Este es un sueño que todos han tenido desde el inicio, desde siempre, el de encontrar o rentar un local propio, donde la Alianza pueda decir que tiene una oficina para servir a la comunidad. Y no se descarta esa posibilidad. A medida que la organización crece, son muchas las puertas que se abren y quizás algún día esto suceda. Por el momento, y gracias a la encomiable labor que realizaron las personas que iniciaron la organización, podemos decir con orgullo que los hispanos tienen en la Alianza Hispano-Canadiense de Ontario un representante digno para mostrar nuestra presencia como una comunidad fuerte y sólida en la región de Durham.

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