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January is usually a month of new beginnings.  A lot of people make new year’s resolutions, and though they honestly mean to do what they say they will, a large percentage of people (present company included) usually don’t follow up on their resolve past a few weeks, if at all.  I myself do this every year, but as I grow older, I have learned to keep my resolutions not only at a reasonable level, but I try and make a list of projects and goals for the year instead.

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Over the years this list has included in no particular order to visit Italy (it was a resolution– actually, more like a dream– for decades before it became a “Check” on my bucket list); learn French (still on the list); practice more Spanish with my kids (an uphill battle, but it’s getting there); learn to walk on high heels (the height of the heel is getting lower, actually, as I’m getting older); exercise more (I was good on this one for a couple of years and then it just declined on the list of priorities); practice more guitar (on my list since I was 8, somehow the repertoire of six songs never seems to grow and just like the heels, I seem to be forgetting two or three of them) and at the veeeery bottom of every list (and as the list gets longer) is to give up cheesecake.

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This list has become a little more realistic as the years go by: no longer do I resolve to replace Barbara Walters on the View or to be the next Oprah.  I no longer resolve to write a book, learn French, become a chef and start an empire all on the same year.  It’s good to try to attain things that are a little more achievable like stop biting my nails and try to iron some shirts every five years or so.  And as the resolutions become projects, and the projects are broken down into steps, some of these projects have actually taken place and are still ongoing.  Volunteering with a community group, going back to school and starting this very magazine were sorta, kinda resolutions that became projects that in turn became reality at some point or another.

And there are some “resolutions” that I’m pretty sure should become belief systems and everyday practices such as cook more at home, eat healthy food, shop less (especially when we receive those hefty January credit card bills), save more money, maintain a manageable debt, get organized, spend more time outside smelling the roses and spend more time talking to people face to face instead of doing it on Facebook.  This also doesn’t need to happen in January.  It could happen at 4:30 on a Tuesday afternoon in the middle of March.

But January is a good time to start thinking about these things, reevaluating our lifestyles and thinking about what changes can be implemented.  We should also try to create a timeline and revisit those projects on a quarterly basis, like most businesses do– maybe every three months, maybe every six months, until it becomes second nature to be on top of the changes we want to make in our lives.

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Resoluciones de Nuevo Año para el 2013

Enero es usualmente un mes de nuevos principios.  Son muchas las personas que hacen resoluciones de nuevo año, y aunque tienen toda la intención del mundo de llevarlas a cabo, un gran porcentaje de ellos (y en esta lista me incluyo yo tambien) usualmente no alcanzan siquiera a hacer lo que resolvieron por unas cuantas semanas, si es que lo hacen del todo.  Yo misma trato de hacer esto cada año, y a medida pasa el tiempo, he tratado de aprender a mantener las resoluciones no solamente a un nivel razonable, sino tambien a convertirlas en una lista de proyectos y metas que debo cumplir a medida transcurra el año.

A través de los años la lista de Enero ha incluído cosas como viajar a Italia (una resolución– casi un sueño– que estuvo en mi lista por décadas antes de convertise en una marquita en la lista de cosas que ya se han realizado); aprender Francés (todavía está en la lista); practicar el Español con mis hijos (una batalla diaria que continúa); aprender a caminar en zapatos de tacón alto (el tamaño de los tacones va disminuyendo gradualmente); hacer más ejercicios (algo que logré hacer por un par de años hasta que decayeron los ánimos y bajó en la lista de prioridades); practicar un poco más la guitarra (en mi lista desde que tengo 8 años, y de alguna manera el repertorio no pasa de las mismas seis canciones y al igual que los tacones, van mermando a medida pasan los años) y al final de la lista, casi desapercibida y en letras bien chiquitas, está la resolución de dejar de comer cheesecake de una vez por todas.

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La lista se va haciendo un poco más realista al pasar del tiempo: Ya no resuelvo reemplazar a Barbara Walters en The View o ser la próxima Oprah.  Ya no resuelvo más escribir un libro, aprender Francés, estudiar para ser Chef y empezar mi imperio todo en transcurso de un año.  Es aconsejable tratar de alcanzar metas que sean un poco más fáciles de obtener, como dejar de comerme las uñas y planchar algunas camisas de vez en cuando cada cuatro o cinco años.  Y asi las resoluciones se convierten en proyectos, y los proyectos se desglosan en diferentes pasos a seguir, algunos de ellos han llegado a la existencia y siguen vigentes hasta el día de hoy.  Hacer trabajo voluntario con un grupo comunitario, regresar a la escuela para obtener un certificado e incluso esta revista misma fueron en algún punto sueños y resoluciones que parecían inalcanzables, pero se llevaron a cabo después de varios intentos.

Y hay varias de estas “resoluciones” que considero deberían convertirse en convicciones y practicas diarias, tales como cocinar más a menudo, tartar de mantener una alimentación sana, ir menos de compras (especialmente después de recibir los altos recibos de las tarjetas de crédito en el mes de Enero), ahorrar más dinero, tratar de no mantener altas deudas, ser más organizados, pasar más tiempo al aire libre disfrutando del perfume de las flores y tratar de conversar más con la gente cara a cara y no en Facebook.  Esto tampoco necesita ocurrir necesariamente en Enero: puede pasar a las 4:30 de la tarde de un Martes a mediados de Marzo, por ejemplo.

Enero es sin duda un buen tiempo para empezar a pensar en estas cosas, re-evaluar nuestros estilos de vida y empezar a pensar en los cambios que se pueden implementar en nuestras vidas.  Es bueno también crear una secuencia y hacerle revisiones ocasionales como hacen las empresas– quizás trimestrales o talvez cada medio año, hasta que se hace parte de la rutina el implementar cambios constantes que vayan ocurriendo en nuestras vidas día a día.

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